Olga Gallego

"Que nada ni nadie te quite las ganas de vivir"

Nos han educado en el miedo. El miedo a no ser correctos, a no actuar conforme dictan las normas. El miedo al qué diran. El miedo a no tener una propiedad que dejarle a nuestros descendientes. Y yo no he sido la excepción. !Que estupidez! El miedo a perder mi vivienda ha sido la gran causa de mi situación actual y en el trayecto hasta aquí he perdido la salud.

A este mundo venimos desnudos y nos vamos de la misma forma. No nos llevamos nada. El tiempo que transitamos por aquí, en muchas ocasiones, lo dedicamos a acumular propiedades que no nos hacen felices. Todo lo contrario. Nos angustian e inundan de cargas económicas a las que hacer frente para obtener el ansiado título de “propietarios”. Qué locura. ¡Es un sin sentido!


Mi historia, estoy convencida, no es tan distinta a la de muchos de vosotros que os encontrais leyendo este artículo. Es la historia de alguien que empezó a salir con un chico cuando era muy jovencita y que quiso formar una familia ¿Un sueño tradicional? Pues si, un sueño al uso. Casarse, comprarse un pisito de propiedad, tener hijos, vivir y disfrutar de lo que nos ofrece la vida para envejecer poco a poco y en tranquilidad.


Empecé cumpliendo las primeras premisas. Me enamoré del que hoy es mi marido. Buscamos un pisito cuco en el que formar una família y en el año 2004 nos casamos. Por aquel entonces yo trabajaba en una inmobiliaria, estudiaba y mi marido trabajaba en una empresa de Cervelló. Esto sucedió un poco antes de que llegara el boom inmobiliario. Así que pensamos ¿para que vamos a tener el dinero guardado en el banco? Mejor lo invertimos en una vivienda “¡que es lo que toca!” Pero al poco tiempo en 2006 llegó nuestra primera hija y me di cuenta que aquello no era lo que necesitábamos. Un segundo sin ascensor se hacia cuesta arriba para bajar con el carrito por aquella escalera tan estrecha. Además el bar del bajos daba muchos problemas de ruido.


El caso es que decidimos cambiar de aires. Pero por aquel entonces la vivienda ya se había disparado y comprar un piso en Sant Boi era imposible. Así que la compra la hicimos en Cervelló. Un piso precioso. Amplio, exterior, con ascensor, y con vistas a la montaña.


11 meses más tarde empezaría mi mal sueño coincidiendo con la vuelta al trabajo después de la baja maternal. A los pocos días me despiden por solicitar reducción de 1 hora de mi jornada laboral. Evidentemente un despido improcedente. Pero despedida. Ahora, sin trabajo y con un embarazo de riesgo de mi segunda hija, la situación no haría más que empeorar en los siguientes meses. Tras el nacimiento de Nuria llega el ERE a la empresa en la que trabajaba Oscar mi marido.
 

Todos estos acontecimientos vaticinaban un futuro incierto y angustiante. Y así fue. Mi marido se deprime enormemente con la noticia del despido. Sin estudios ni formación en casi ningún oficio, eran pocas las ofertas de trabajo a las que podía acceder. Así que viendo la situación me echo a la calle en busca de cualquier trabajo que complementara las horas que hacía por la tarde de administrativa en una empresa. Lo que primaba era tener ingresos para sobrevivir y pagar el piso. A los pocos días encuentro trabajo de noche de limpieza en un hospital. 8 horas de lunes a domingo, de las 24 h a las 8 h de la mañana. Me permitía dormir 4 horas, hacer la faena de casa, arreglar a mis niñas, comer y empezar de nuevo la jornada laboral. ¡Total, para nada!

Hay un momento en el que tu cuerpo dice basta. Y entonces es demasiado tarde. Después de muchos meses de estrés y trabajo duro, una mañana no me podía levantar de la cama. Me llevaron al hospital, y después de muchos reconocimientos y pruebas me diagnosticaron un cansancio extremo, que con el tiempo desencadenó en fibromialgia.
 

Depresión, ansiedad, cansancio extremo, dolor incapacitante. La fibromialgia te paraliza. Pierdes amistades porque no las puedes atender y acaban olvidándose de ti. Es normal, pero muy doloroso. En el siglo XIX se diagnosticaba como un transtorno neurótico “la enfermedad de las locas” pero, aunque se ha avanzado mucho en su conocimiento y difusión, todavía hoy en día hay muchas personas que dudan de tu sintomatología concluyendo con la frase “Está neurasténica perdida”
 

Por si no fuera poco, empezaron a subir los intereses hipotecarios, se disparó el euribor y de una hipoteca de 700 euros ya estábamos pagando 1.600 euros al mes. ¡Qué locura! Y mi única obsesión era cumplir con los pagos, hipoteca, luz, agua, colegios, teléfonos, coche,... ¿Qué os voy a explicar?
 

Lo cierto y verdad es que mi ritmo de vida acabó destapando y acelerando una taquicardia supraventicular hereditaria que andaba dormida. Ya no tenía vida.
 

Un buen día con mi agobio resbalé en el trabajo y me destrocé la rodilla. Dos operaciones de por medio y una
cojera permanente de por vida, aderezada con mucho dolor, es el legado de mis prisas para cubrir la faena de varias compañeras que habían sido despedidas por un ERE en el trabajo. ¿Qué injusta es la vida, verdad?

 

A todas estas los meses seguían pasando y los pagos nos asfixiaban. Es entonces cuando decidimos pedir un mini crédito aquí, una tarjeta de crédito allá,… Y al final se nos hizo una pelota de caso dos mil y pico de euros al mes. Se nos hizo “una pelota” tan grande que la desesperación me llevó a hablar con el banco de nuevo. Y éste nos prometió que reagrupando todo en una segunda hipoteca pagaríamos menos. ¡En mala hora!

Mis padres al ver la situación en la que nos encontrábamos, accedieron a hipotecarse para ayudarnos. En un inicio nos bajó la cuota el primer año de carencia, pero acabado el año pasamos a pagar más del doble, ya que el euribor seguía subiendo. ¿Nos engañó el banco? Cada uno que haga la lectura que quiera. Yo tengo la mía.

Sumida en la desesperación y una depresión de caballo posterior, los meses siguientes sirvieron para tomar una decisión que nunca me perdonaré.

Una mañana cogí el coche y me decidí a solucionar el problema de una vez por todas. Yo tenía contratado un seguro de vida que en caso de fallecer se hacía cargo de la maldita hipoteca. Así que la solución la tenía servida en bandeja. Todo dependía de mi. Circulando a gran velocidad con mi vehículo dí un volantazo contra el guardacarriles. Una vez muerta, mis hijas y mi marido quedarían libres de la hipoteca. El seguro correría con los gastos y yo descansaría de una vez por todas, pasando a engordar la lista de fallecidos por accidente de tráfico fortuito.

Cuando desperté en la cama de hospital tras el impacto me dí cuenta de lo equivocada que estaba. Aún no me he perdonado lo que intenté aquel día y quizás no lo haga nunca: ¡Cambiar una casa por una madre! ¡Dejar solas a mis hijas! ¡Madre mía! Y nadie supo ver cual era mi situación ….. (llora)

Aterrorizada tras todos los acontecimientos es cuando decidí acudir a la PAH (Plataforma de Afectados por la HIpoteca). Al evaluar mi situación, se echaron las manos a la cabeza y me dejaron las cosas muy claras: “Esto no puede seguir así Olga. En estos casos hay que marcar prioridades y las prioridades son estas: Primero la familia y la comida, después medicación, el pago de recibos de suministros (luz, agua,…), y lo último es pagar la hipoteca. ¿Está claro?” Lo entendí a la primera. No había más remedio.

Dejé de pagar la hipoteca y automáticamente llegó la demanda judicial de desahucio. Durante 7 meses nos perseguían con cartas, llamadas, para que pagáramos.

Harta de tanta amenaza y persecución nos sentamos con el banco y nos ofreció la posibilidad de llegar a un acuerdo. Nosotros pagábamos la segunda hipoteca y nos condonaban la deuda de la primera hipoteca a cambio de quitarnos el piso. Entonces vimos la luz. Mis padres nos consiguieron los 26.000 euros que faltaban y empezamos a empaquetar cosas y buscar un piso de alquiler. Pero entonces el banco nos sorprendió con una mala noticia “No estamos en disposición de condonarles la deuda ya que vemos indicios de que ustedes pueden pagar la primera hipoteca, dado que han conseguido dinero para pagar la segunda deuda”

Debido a esta situación sostenida, Nuria, mi hija pequeña acabó en un quirófano operada de una taquicardia congénita. ¡Madre mía! Ahora mi hija. Y todo por mi culpa. Yo ya no podía más. Había llegado a mi límite o eso creía. Porque a los meses me caí de nuevo en el trabajo y me rompí una vértebra que me haría pasar nuevamente por quirófano y me dejaría fuera de combate una temporada. Hoy en día el sistema sanitario me ha otorgado una incapacidad permanente que me permite seguir trabajando para sobrevivir y acabar de pagar mi deuda con el banco.

Y en referencia a la primera hipoteca, gracias a la ayuda de la PAH y una lucha sostenida contra la entidad financiera conseguimos que el banco nos condonara la deuda finalmente.

Resumiendo: Mi ilusión, un piso, la avaricia de los bancos, la antipatía del sistema estuvo a punto de acabar conmigo y convertirme en una persona hundida. Ahora puedo decir que no lo consiguieron.

¿Qué le dirías a una persona que ahora se encuentre en la situación por la que te tocó pasar a ti?

La respuesta es sencilla y honesta. No arriesgues tu vida por una propiedad: No la necesitas. No trabajes por encima de tus posibilidades para pagar una deuda que nunca podrás saldar. Dedica tus esfuerzos a luchar para que el banco o el fondo buitre te condone la deuda a cambio de tu vivienda. Vivir de alquiler no es tan malo. Nos han engañado haciéndonos creer que, no disponer de propiedad inmueble (vivienda de propiedad) es vergonzoso. Y no es así. Vivir de alquiler te convierte en alguien libre y con muchos más derechos que obligaciones. Hemos de ser más inteligentes y no dejarnos engañar por el sistema inmobiliario. Si te encuentras en la misma situación que yo padecí busca un alquiler social y lucha por conseguir todo tipo de ayudas. No pierdas la salud, porque es lo único que tienes de verdad y cuando se pierde ya no hay vuelta atrás.

La plataforma de afectados por la hipoteca (PAH) es una organización sin ánimo de lucro en la que nos reunimos personas que estamos pasando por el mal trago o lo hemos pasado en algún momento, y a base de compartir nuestras experiencias y con la ayuda de abogados que no cobran por su servicio de asesoría hemos aprendido mucho de cómo funciona el sistema y qué hemos de hacer y cómo actuar cuando nos llega la mala noticia “Su vivienda será expropiada el próximo….”

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